Soy Natalia Cives, madre y profesora de yoga.
Durante años me exigí estar siempre disponible, ser fuerte, productiva, eficiente. Me alejé tanto de mí que empecé a sentir que vivía en piloto automático. La maternidad me mostró muchas cosas, pero sobre todo me enfrentó con una verdad incómoda: me había olvidado de mí.
No fue fácil reconocerlo. Ni parar. Ni sostenerme. He pasado por el desborde, el cansancio crónico, la sensación de estar rota por dentro mientras todo afuera seguía. He aprendido a soltar esa versión perfecta que intentaba sostener, y a empezar de nuevo, más honesta, más suave, más yo.
A través del yoga, la meditación, el cuerpo y muchas pausas necesarias, encontré otra forma de habitarme: más conectada con mis necesidades, más atenta a mis emociones, más respetuosa con mi energía. Descubrí que cuidarme era urgente. Y que no se trataba de lograr más, sino de sentirme mejor.
Como no encontré un refugio afuera, lo creé. Primero para mí. Hoy lo comparto, para que ninguna madre tenga que transitar este camino sola. Para que podamos recordar, juntas, que estamos vivas y que vale la pena estarlo, mucho. Que merecemos descanso, placer, sostén. Y que el bienestar no es un lujo: es un acto radical de amor.
Soy una mujer que aprendió a parar, para volver a vivir desde el cuerpo, con ternura y con verdad. Una mujer que decidió hacer cambios importantes para no seguir sobreviviendo, sino empezar a vivir de verdad. Y esos cambios no empezaron con grandes gestos, sino con pequeñas decisiones cotidianas que, poco a poco, lo transformaron todo.